martes, 19 de abril de 2011

Re: Cartas desde el inframundo

Al suicida que suscribe:


Debo decirle que las mujeres de su vida no son del todo el problema, debe pensar y reconsiderar su manera de actuar frente a ellas. ¿Sabe que algunas mujeres les encantan los patanes? Pues créalo o no, así es; con esto no quiero decir que usted no lo sea; sólo que quizá le falta paciencia, arrojo. El deseo de compartir su vida en pareja debe guiarlo a construir mundos en silencios y con palabras de colores, cada cual a su tiempo y dosis exacta, aunque para aprender la receta es preciso entregarse a las pasiones y materializar las relaciones que sólo por su mente pasan. También aprender a compartir, descubrir y dejarse descubrir en esos ojos de jade que le perturban. Dedicar miradas y, sin miedo, hacerse dueño de otras.


Bien dice usted ‘nadie tiene que mendigar cariño’ la pregunta es ¿Por qué es que usted lo hace? Por qué es que se aferra a besos de papel cuando puede ser el protagonista de su vida y la inspiración de mil suspiros. Habla usted de ‘hacerlo mejor’, yo le diría sólo hágalo; dese la oportunidad de conocer (de verdad) a sus mujeres y no idealizarlas. Dejar de buscar en ellas el idilio para poder encontrarlas de verdad; deje de buscar en ellas lo que usted no tiene. Hágase de una vida real, no necesite a ninguna de ellas, amar es la clave.


Si algo puedo decirle ahora, es que pese al mundo en que hemos crecido, el amor no duele, no tiene porque arrancarle lagrimas y quitarle el brillo al mundo. Sé que en ocasiones se piensa que el corazón se hace trizas y uno pretende meterse el alma en el ombligo; pero no hace falta esconderse, no habrá ningún lugar en donde pueda escapar de los reproches de sí mismo, no hay como enfrentar los miedos y convertirlos en experiencias.


¿Cuántas veces ha sido capaz de matarse y matar a otros? Cuando decide borrar todo rastro de aquella persona por la que su alma se aqueja y desterrarla al olvido con cadena perpetua, no sólo la mata a ella sino a una parte de usted, el vacio llega, se sume en su ausencia y lo único que hace es creer que ofrendó su vida por la dicha de ella, cualquiera que sea su nombre y el tono de su labial. Hablo de recuperarse primero a usted y dejar de pensar que a esa mujer no la merecía, que es la diosa y usted el mendigo.


Sabe que las respuestas están ese corazón que le late con fuerza en el pecho, no las busque en otra parte, es cuestión de conciencia y voluntad. Mi trabajo es la escucha y darle algo más en que pensar, así que espero haber cumplido con mi encomienda.


Con más por decir pero siendo todo por ahora, me despido.



Escalante

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