viernes, 7 de julio de 2023

Qué bonita vecinda'

 (Post quejumbroso con fines terapéuticos)

En todo edificio de departamentos, condominio o unidad habitacional de México, es común encontrarse con una variedad de personajes como vecinos, todos, y cada uno, con sus peculiaridades y excentricidades (incluido el señor dueño de este blog). Por lo que es de esperarse que siempre haya uno o un par de vecinos molestos que atenten contra la armonía del inmueble.

En estos lares no ocurrían grandes conflictos, excepto por un caso de violencia doméstica, donde hasta la policía llegó a intervenir, y tuvo un final "feliz" en el que la mujer se fue con sus dos hijas para regresar con el marido al cabo de 15 días, y una semana después se marcharían del edificio. De ahí en fuera, todo era paz y felicidad, o así fue hasta que falleció una vecina, a la que nombraré Doña Elena para salvaguardar la integridad de Doña Esperanza.

Doña Elena vivía en el departamento al lado del mío, nunca supe su edad (yo le calculaba 70) pero se veía muy bien conservada y con muy buena condición física, por lo cual su fallecimiento nos sorprendió a casi todos los vecinos. Ella estaba al tanto de todas las juntas vecinales y en el edificio era una especie de Big Brother a quien no se le iba el más mínimo detalle, si bien no era la más chismosa, era la que contaba con una cantidad considerable de información de vital importancia. En mi caso, nunca pudo sacarme mis trapitos a relucir o, lo más probable, tuve suerte de ganarme su simpatía, pues también se decía que la señora tenía su carácter.

Yo nunca tuve problemas con ella, teníamos muy buena relación, pero sí supe de un par de ocasiones donde dejó salir al súper saiyajin god plus ultra que habita en ella, y era algo que no querías enfrentar (cuenta la leyenda que hasta el administrador en turno le temía). De acuerdo a lo contado, Doña Elena no era de las que discutiera armando escándalo, era del tipo de persona que se veía visiblemente molesta, pero aún así lograba controlar su volumen e intensidad de voz. Además no era una persona conflictiva, la mayor parte del tiempo era muy simpática, si se molestaba y tomaba parte en una discusión era por una muy buena razón, según dicen los enterados. Y eso me hace pensar que ese temperamento era el que lograba mantener con calma a todo el edificio, porque después de su muerte fue cuando se rompió el equilibrio cósmico.

Durante los casi 30 años que llevo viviendo en este pedacito de edificio al cual llamo hogar, son los últimos 13, a partir del fallecimiento de Doña Elena, cuando los conflictos vecinales se han desatado: tuvimos una vecina histérica que nos dejaba bonitas notas con amenazas que contenían una amplia gama de palabras altisonantes, mismas que gritaba en los pasillos, y con dedicatoria a todos los vecinos, en todos y cada uno de los pisos que subía hasta llegar al suyo; ya hemos pasado por varios vecinos fiesteros, siendo los últimos los mejores, ya que podían pasar varios días de la semana en la fiesta, incluso días seguidos, y no escatimando en el uso de sustancias prohibidas; incluyendo a estos, hemos tenido tres departamentos con vecinos junkies (en oportunidades distintas), curiosamente a mí me achacaron el olor a mota en una de estas ocasiones; también tuvimos a una mamá luchona que se iba de parranda y metía en su depa a un hombre diferente cada fin de semana, cuyo hijo (de la chingada) se la pasaba tocando los timbres y pateando las puertas nomás por joder; varios vecinos que se han colgado de la luz y el gas (con el gas hubo una ocasión que pudo terminar en tragedia); y una larga lista de etcéteras.

Actualmente, no sé si es la etapa más bonita que me toca vivir, o si en alguna de mis vidas hice algo indebido (por no decir culero) y el karma malparido me lo está cobrando con intereses, porque siento como si estuviera sitiado. Mi vecina de al lado pertenece a esta especie de la sabana urbana mejor conocida como la señora de los perros, específicamente de la subespecie 8 perros y un gato, así que ya podrán imaginarse el melodioso concierto de aullidos y ladridos que se escucha en varios momentos del día. Aparte tiene ciertas costumbres, digamos... costumbres, como sacar a pasear a sus perros a medianoche, barrer los pasillos o la entrada del edificio a altas horas de la madrugada, y hacer reparaciones domésticas a las horas anteriormente mencionadas.

Por otro lado, los vecinos del piso de arriba son un matrimonio que gustan de arrastrar muebles, el golpeteo de pisadas y otros objetos, y hacer escándalo en general. La diversión aumenta cuando suena la alerta sísmica. Tienen un hijo (de la chingada) al que le gusta mucho correr, brincar y gritar una vez que llega de la escuela, aunque ahora que son vacaciones me lo tengo que zumbar varias veces al día. Algunos fines de semana, generalmente en quincena, el señor padre de familia disfruta de algunas (muchas) bebidas alcohólicas mientras escucha los grandes éxitos de Luis Miguel y nos bendice con sus melodiosos berridos escupidos a destiempo, los cuales son escuchados hasta el puesto de hot-dogs que está pasando la calle (un día vi por la ventana como los dueños del puesto miraban consternados hacía mi edificio para saber de donde provenían los gritos putrefactos de agonía).

Y finalmente, los vecinos del piso de abajo, que se la pasan de gritones a altas horas de la madrugada, y ya me han despertado en varias ocasiones. Y cuando digo "varias ocasiones", quiero decir casi diaro; y cuando digo "gritones", me refiero a gritos de placer. He llegado al punto en el que no sé si ir a la administración a levantar una queja, o contarles que muero de envidia porque tienen más vida social que yo.

En fin, maldito karma. Por mi parte, a pesar de lo estresante de mi situación, les saludo siempre sonriente y trato de ser lo más amable que puedo con todos los vecinos. Esto, para que cuando entrevisten a los sobrevivientes, una vez que haya culminado mi cosecha sangrienta, en el noticiero estelar de la noche todos digan: "Pero si era tan bueno, no sé que pudo pasarle".

 

 

P.D. Este último párrafo no se lo tomen tan en serio. Me encanta coquetear con la imaginación, la exageración y lo absurdo.

martes, 4 de julio de 2023

Desempolvando

Retomar la escritura es un proceso que me está resultando igual a volver a tocar un instrumento. Dejé de tocar durante más de cinco años (guitarra acústica) y hace un par de meses que volví a hacerlo, en ese primer reencuentro, obviamente, mis dedos estaban más que torpes y aturdidos, y las melodías que ya dominaba las ejecutaba peor que cuando las estaba practicando. En el recuento de los daños tenemos varias desafinadas y unos dedos bastante adoloridos debido a la falta de práctica. Así me ocurre con la escritura: unos dedos torpes en torno al teclado, ideas que necesito despabilar para que lleguen a ser palabra escrita y horas frente al monitor con la creatividad "atrofiada", no es fácil la desempolvada.

En esto de la creatividad, también ando en el proceso de querer salir del bloqueo en que he andado desde hace algunos años, me urge, pero, como suele ocurrir en estos menesteres, la creatividad tampoco se puede forzar, hay que dejarla fluir, que sea libre. Ahí sigue, acumulándose, amontonándose y desbordándose, de manera caótica, y al parecer me ha hecho bajar los pinceles y los colores, ahora quiere volver a escribir.
 
Y aquí estamos (yo y mi otro yo, que también soy yo), retomando la escritura y este tugurio llamado blog, al cual en algún momento pensé en borrar parte de su contenido, con el que ya no me identificaba, y otras tantas borrarlo por completo del mundo virtual.
 
Vamos a desempolvar la escritura, y también hay que darle una desempolvada al que escribe, para los fines que sirvan, como una válvula de escape, como una canción de amor mientras tanto.

martes, 20 de julio de 2021

Con "A" de ansiedad y "A" de andropausia

La ansiedad y la andropausia se andan turnando para venir a visitarme, traen una especie de concurso de popularidad bastante bizarro.

sábado, 8 de diciembre de 2018

Vértigo

Del lat. vertīgo, -ĭnis 'movimiento circular', 'vértigo, vahído'.
1. m. Trastorno del sentido del equilibrio caracterizado por una sensación de movimiento rotatorio del cuerpo o de los objetos que lo rodean.

Durante casi tres meses estuve padeciendo de vértigo, me sorprendió un lunes a mediodía (ya ni recuerdo la fecha) mientras me dirigía a la tienda, al principio pensaba que se trataba de un caso de presión baja o se debía al desayuno que me había saltado. Fue a unos metros antes de llegar a la tienda cuando mi cuerpo me hizo saber que se trataba de algo más, el mareo se intensificó a tal grado que sentí que podría desmayarme en el siguiente paso, decidí regresar a casa en un esfuerzo que resultó casi interminable y heróico. Al llegar al departamento, literalmente me tumbé en el sofá donde pasé el resto de la tarde. Ya por la noche me sentía un poco mejor.

Al día siguiente, durante mi letargo matutino, ese donde me levanto de la cama y me despierto completamente varios minutos después, me permitió realizar mis primeras tareas sin complicación alguna, fue hasta la hora del baño cuando regresaron los síntomas del día anterior, esta vez, aparte del mareo, apareció la sensación de ser jalado hacia abajo, muy parecido a las turbulencias cuando viajas en avión, como si la gravedad se divirtiera conmigo jalándome y luego soltándome en repetidas ocasiones. Fue entonces cuando, por fin, decidí ir al doctor. El diagnóstico: vértigo, de acuerdo con el médico, originado por una leve inflamación del oído.

Pasó una semana y los síntomas disminuyeron, pero no terminaron del todo. Decidí dar un par de días de tolerancia después terminar mi medicamento, esperando que el tratamiento empezara a hacer "real" efecto. Al no haber mejora significativa, fui a ver a otro médico, la segunda opinión, y así pasaron tres médicos, un otorrino y exámenes médicos. Me encontraron una anemia, ácido úrico y triglicéridos altos, estuve en riesgo de volverme adicto al dramamine y al difenidol, pero nada que explicara la razón del vértigo. Y así transcurrió un mes.

Fue en un ataque de pánico, originado por un zumbido en el oído izquierdo y la sensación de tener líquido en ambos oídos, cuando fui a ver a otro otorrino el cual me explicó, despues de varias pruebas para checar el equilibrio y la audición, que posiblemente era vértigo por estrés. Me prescribió otra tanda de difenidol y yo salí insatisfecho, porque es muy común que uno quiere salir del consultorio del doctor con un diagnóstico contundente y una dotación de medicamentos que logren, a la brevedad posible, que uno esté brincoteando de nueva cuenta por las calles, rebosando de buena salud, cantando cual Blanca Nieves en el bosque y buscando pajarillos que se posen en nuestra mano para cantar a dúo.

En las semanas siguientes decidí regresar a mis actividades regulares a pesar de mi padecimiento. La invitación de un amigo para comer, y pasar el resto de la tarde platicando de cosas intrascendentales, me permitió tener mi primer día sin síntomas visibles del vértigo. El diagnóstico del último doctor parecía estar en lo correcto, y mi amigo parecía estar de acuerdo con él por los comentarios que me dedicó acerca de cómo me veía y escuchaba. Los siguientes días continuaron con algunos altibajos, pude darme cuenta que los síntomas iban y venían  de acuerdo a mi estado de ánimo y dependiendo de si estaba realizando alguna actividad, y el tipo de actividad. Y sí, era estrés. Entendí que era momento de darme un tiempo, un receso hasta que finalmente pudiera estar bien.

Es curioso cómo resultan las cosas, viviendo en una ciudad que transpira estrés en su día a día, constantemente me repetía "eso no me puede pasar", me gustaba pensar que podía manejar el estrés, y en menos de un año ya tuve trastorno de ansiedad y ahora el vértigo. Tal vez el primero fue una llamada de atención que ignoré, por eso el segundo llegó como el jalón de orejas que necesitaba para ser más consciente de mi salud mental, como una especie de semáforo donde la luz verde es ser un jardín zen y la luz roja es el caos en mi cabeza, y las luces cambian y se encienden así como el vértigo y regulan la intensidad del mismo.

Hace un mes tuve mi primer semana donde me sentí al cien, a la semana siguiente volvieron los mareos, ya no tan intensos, no tan seguido, no tan prolongados, pero volvieron. Es el estrés queriendo arrancar el pasto y romper las macetas de mi jardín zen, y el vértigo pasó de ser un padecimiento al indicador (el semáforo) que me dice que tengo que parar un rato, que tengo que estar bien conmigo y mi psique. Estas últimas dos semanas hemos hecho las paces el vértigo y yo, siento que han quedado secuelas por el tiempo que pasé padeciéndolo, pero nada que no se pueda arreglar con algunos ejercicios para recuperar el equilibrio, tanto físico como mental. También sé que se sigue escondiendo en algún rincón de mi cabeza, ya me lo ha hecho saber, pero no para molestar o causar preocupación, sino para hacerse presente cuando se requiera hacer una pausa.

miércoles, 13 de julio de 2016

Inmediatez

Últimamente he tenido problemas con la inmediatez, esta "exigencia" a la que hemos confinado nuestro día a día con el uso indiscriminado de las nuevas tecnologías; internet, redes sociales, teléfonos celulares, y una larga lista de etcéteras que, aparte de abstraernos del mundo real, nos orillan a olvidar el arte de la paciencia.

Pareciera que todo tiene que ser aquí y ahora como una serie de recompensas inmediatas: los cinco minutos del Youtube, las palomitas azules del WhatsApp, unos cuantos caracteres en Twitter o los diez niveles del videojuego; no hay tiempo para el tiempo de espera, no hay tiempo para nada complejo, todo simple.

Nuestras actividades cotidianas se han visto contagiadas por este fenómeno. El semáforo en rojo ahora nos resulta estorboso, la película tan esperada del año (que actualmente son diez o más ya sean autoproclamadas o que el público las proclame como tal) tiene que ser vista el día del estreno o el pre-estreno (a pesar de que estas películas duran dos meses o más en cartelera), videojuegos que anuncian desde hoy su salida a la venta programada dentro de un año o dos, cuya preventa se hace con bastante tiempo de antelación. Un sentido de inmediatez que nos otorga, al mismo tiempo, una retribución directamente proporcional: lo efímero.

Estamos dejando de lado la paciencia, los tiempos de reflexión, la planeación, los años de preparación, el andar por largos caminos para llegar al fin que pretendemos alcanzar. Es tiempo de hacer una pausa, ir con calma, detenerse a mirar por la ventana para ver a los árboles bailar un danzón con el viento, y caminar lento.

viernes, 6 de marzo de 2015

Inquilino

Arriba, los escombros siguen circulando en costalitos que desfilan durante todo el día, mientras el ruido de los taladros continúa en su afán de acabar con la cordura de más de un vecino, y eso que ya algunos tuvieron un simulacro de ataque psicótico. La ventana, entretanto, sigue espiando las ramas viejas que se mudan de los árboles con mayor índice poblacional hacia rumbo desconocido; la imaginación asegura que se va a alguna fábrica industrializada recicladora de ramas viejas convirtiéndolas, como por arte de magia, en otros artículos de uso diario -qué ingenua. Camiones de mudanzas nos visitan con más frecuencia en estos días, sacando las chivas viejas y remplazándolas por otras, igual de viejas, pero con otros dueños; es el devenir del mundo, supongo.
Y en algún lugar hay algún inquilino preguntándose si es hora de deshacerse de algunos cientos de cachivaches, no los del departamento, sino los que en realidad estorban, los del inquilino

miércoles, 1 de mayo de 2013

Inoportun@

Y justo cuando andas más metido en tus proyectos...

la vida te recuerda que eres de carne y hueso...

y sentimientos

martes, 4 de octubre de 2011

Cidade

Odio el olor de ciduad,
se te impregna más rápido,
y apesta más
que el tabaco.

Y te vuelve igual de frío
o inadvertido
que la mayoría de los transeúntes.

viernes, 22 de abril de 2011

A veces

A veces, hace falta sentir mucho, en demasía, sentir bonito.
A veces, también, hace falta hartarse un poco, un muchito.
Para no perder la cordura
...o la locura

martes, 19 de abril de 2011

Re: Cartas desde el inframundo

Al suicida que suscribe:


Debo decirle que las mujeres de su vida no son del todo el problema, debe pensar y reconsiderar su manera de actuar frente a ellas. ¿Sabe que algunas mujeres les encantan los patanes? Pues créalo o no, así es; con esto no quiero decir que usted no lo sea; sólo que quizá le falta paciencia, arrojo. El deseo de compartir su vida en pareja debe guiarlo a construir mundos en silencios y con palabras de colores, cada cual a su tiempo y dosis exacta, aunque para aprender la receta es preciso entregarse a las pasiones y materializar las relaciones que sólo por su mente pasan. También aprender a compartir, descubrir y dejarse descubrir en esos ojos de jade que le perturban. Dedicar miradas y, sin miedo, hacerse dueño de otras.


Bien dice usted ‘nadie tiene que mendigar cariño’ la pregunta es ¿Por qué es que usted lo hace? Por qué es que se aferra a besos de papel cuando puede ser el protagonista de su vida y la inspiración de mil suspiros. Habla usted de ‘hacerlo mejor’, yo le diría sólo hágalo; dese la oportunidad de conocer (de verdad) a sus mujeres y no idealizarlas. Dejar de buscar en ellas el idilio para poder encontrarlas de verdad; deje de buscar en ellas lo que usted no tiene. Hágase de una vida real, no necesite a ninguna de ellas, amar es la clave.


Si algo puedo decirle ahora, es que pese al mundo en que hemos crecido, el amor no duele, no tiene porque arrancarle lagrimas y quitarle el brillo al mundo. Sé que en ocasiones se piensa que el corazón se hace trizas y uno pretende meterse el alma en el ombligo; pero no hace falta esconderse, no habrá ningún lugar en donde pueda escapar de los reproches de sí mismo, no hay como enfrentar los miedos y convertirlos en experiencias.


¿Cuántas veces ha sido capaz de matarse y matar a otros? Cuando decide borrar todo rastro de aquella persona por la que su alma se aqueja y desterrarla al olvido con cadena perpetua, no sólo la mata a ella sino a una parte de usted, el vacio llega, se sume en su ausencia y lo único que hace es creer que ofrendó su vida por la dicha de ella, cualquiera que sea su nombre y el tono de su labial. Hablo de recuperarse primero a usted y dejar de pensar que a esa mujer no la merecía, que es la diosa y usted el mendigo.


Sabe que las respuestas están ese corazón que le late con fuerza en el pecho, no las busque en otra parte, es cuestión de conciencia y voluntad. Mi trabajo es la escucha y darle algo más en que pensar, así que espero haber cumplido con mi encomienda.


Con más por decir pero siendo todo por ahora, me despido.



Escalante

sábado, 16 de abril de 2011

Srita. Psicóloga, Sr. Calamidad

El Sr. Calamidad disfruta de la compañía de la Srita. Psicóloga.
La Srita Psicóloga también disfruta de la compañía del Sr. Calamidad.
A él le gusta cuando ella ríe, y le gusta hacerla reír,
pero ella parece no mirarle con los mismos ojos
o eso quiere hacerle creer a él
o eso quiere creer él.
Ella es una maraña de pensamientos encontrados y miedos.
Él es una maraña de miedos y silogismos baratos.
Y ninguno de los dos se atreve a transgredir las normas del deseo y la amistad.

¿Cómo se llamará la obra?

miércoles, 30 de marzo de 2011

Diferente

Este día todo huele diferente, se ve, se oye, sabe, se siente diferente... y es agradable.

Y mañana volverá a ser diferente... y será más agradable.

jueves, 17 de marzo de 2011

Algo prestado

Hay días, como en estos tan surrealistas, en que me gustaría que me prestaras esa habilidad paranormal, que algunos dizque entendidos han decidido llamar locura o alucinaciones, y que alguien -o algo- les dio la "autoridad" para inhibirla con medicamentos, para poder ser tan receptivo, que alguien -o algo- apuntara con el dedo cuál de los dos senderos a seguir. Curiosamente, alguien -o algo- decidió que tú fueras la dueña de ese don...

A mí sólo me entregó la "dicha" de la incertidumbre.

viernes, 4 de marzo de 2011

Consejos umbilicales

Ciertos consejos son como el ombligo.
¿Para qué te sirve el ombligo?

¡Exacto!

lunes, 28 de febrero de 2011

De soledades

La soledad es un arma de doble filo.
Puede convertirse en tu mejor compañera,
pero también puede ser tu peor consejera.

jueves, 16 de diciembre de 2010

De apegos, masoquismo y etcéteras

Puedes llamarlo "apego", podrán decir "aferración", y yo le bautizaré con el nombre de "masoquismo"; pero, lo cierto es que he empezado a extrañar estas calles tan ajenas.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Issues

Mis momentos más lúcidos son a estas horas de la madrugada...

... El problema es que al resto de la sociedad -"suciedad"- le importa más lo que pueda ocurrir a lo largo del día.

Lo triste, es que me estoy empezando a creer lo que me dicen.

Lo importante es no dejar de soñar.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Buscando

Busca,
está buscando
aún no sabe qué es,
pero quiere creer
que tendrá la certeza de saberlo
cuando finalmente lo encuentre

Y en el día a día
sale a la vida buscándolo
no sabe qué o quién será
no sabe cómo, cuándo, ni dónde
pero aún así sale,
esperando que su búsqueda
no sea en vano

Y sale a buscar
cuando debería salir a encontrar
así, sólo así
tendría cierta certeza
de qué está buscando

Pero no lo sabe aún

Y busca,
sigue buscando.

lunes, 11 de octubre de 2010

Retomando

Honestamente, no tengo ni la menor idea de cómo empezar a escribir esta entrada, pero sí sé a dónde quiero llegar.

Primero que nada, no vengo a justificar lo injustificable acerca del por qué ya no escribo tan seguido, no, sino que pensaba dejar este bló en standby hasta que un día me hartara de él y me armara de valor para darle 'click' al botoncito 'eliminar' que aparece cada que uno ingresa a la página de blogger.

Segundo, me habían cuestionado acerca de lo sombrío, por no decir deprimentes, que se habían vuelto mis escritos. Estoy consciente de ello. Lo cierto es que, sí, pasé por una etapa extraña, de sucesos inesperados, que alteró mi entorno, tocó algunos puntos de vista que tenía acerca de ciertas personas y cosas, y que termino jodiéndome los estados de ánimo. Me di cuenta que no sé cómo lidiar con la frustración, y en el ir, venir y devenir, me la tomé muy en serio y dejé varias cosas que me gustaba hacer (entre ellas, el escribir en este bló).

Y en el estar volviendo (y no las tripas), me encuentro en ese proceso de reinventarme. He vuelto a tocar la guitarra, la cual no me perdona todo el año que no la pelé, así que a re-aprender todas las canciones (de paso, espero agregar varias nuevas a mi repertorio); a desenpolvar los lápices y cuadernos donde dibujaba bocetos y otros personajes que esperan ver la luz algún día; y he decidido retomar mis dos blós con el mismo cariño, ímpetu e ingenuidad, con el que me decidí abrirlos.

Aclaro: algunas veces escribiré casi a diario y otras no, algunas veces escribiré cosas que serán brillantes y otras no, algunas veces escribiré cosas que pensaré que son estúpideces hasta que alguien más me haga ver lo contrario y viceversa, algunas veces me leerán alegre y otras seré una nube vestida de un gris azulado, algunas veces me leerán muy up close and personal y otras seré un mensaje cifrado; porque por algo son las CONFESIONES a la taza del baño, y decidí, desde el primer día que este changarro se abrió, que las entradas serían mis escritos que están perdidos en varios cuadernos, que escribiría acerca de cosas que marcaron mi vida, y que este sería un lugar muy personal (por algo abrí el otro bló donde digo estupideces sin sentido), por lo tanto también este lugar sirve como un espacio para desahogarme de las ignominias diarias, y esperemos que esto último sea en menor medida, pero así será.

Algunas cosas, posiblemente, no cambien, como mis alusiones a la cafeína, a la muerte, o al suicidio. La cafeína, es algo que me encanta desde temprana edad (hasta la fecha le pregunto a mi madre que cómo fue posible que me hiciera caso y me sirviera café cuando se lo pedía a los seis años). Acerca de la muerte o las tendencias suicidas, no es que tenga la intención de hacerlo, o que tenga tan pocas expectativas como para desear mi muerte, no. La muerte es un tema que siempre me ha llamado la atención por el cliché de saber qué hay más allá de ella, y cuando hablo del suicidio, no lo entiendan como algo literal, me refiero a matar el paradigma de lo que uno es, matarse uno mismo, para recoger los pedazos y volver a empezar, en todos los aspectos de la vida.

Sí, también habrá más gris azulado en este bló, el cómo empecé a abusar de este color... ésa es otra historia.

Salud.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Quebrar

Hay que aprender a explotar de vez en cuando, quebrarse por completo, dejarse caer hasta encontrar el fondo, para recuperar la paz interna. De ahí, la cuesta arriba, recoger los pedazos y volver a armarlos, reinventarse.