Más reflexiones (des)variadas.
Para los realistas
El realista es un pesimista mal disfrazado.
Poesía barata para fumadores
Ceniza que yaces en el cenicero
cenicero donde ceniza yaces
ceniza que cuidas el cenicero
ceniza, ya haz las paces.
Recuerdos
Si “recordar es vivir”
olvidar debe ser morir... o la eutanasia.
Del tío Gabo
Ignorancia e indiferencia: no sé y me vale madres.
Coca Cola
Honor a quien honor merece. Y los tipos de la Coca Cola Company son unos genios. Mira que lograr que la gente consuma una cosa que no es sana, es negra y hace hartas burbujitas...
No se tiran deshechos... sólo palabras, pensamientos, y cuestionamientos extraños
jueves, 12 de junio de 2008
lunes, 9 de junio de 2008
Charcos
Estos han sido días lluviosos, los días que mejor me van. Soy feliz sólo cuando llueve, los seis o siete meses restantes son difíciles de tolerar. Y mientras la lluvia poco a poco iba dibujando los charcos de la calle, recordé cómo gozaba jugando en ellos.Para mí, los charcos no eran únicamente la alberca soñada o el pretexto para salpicar. La casa donde me crié tenía terreno irregular, las rocas, las plantas y el patio de mi madre, y el de mi tía (q.e.p.d.), creaban, junto con los charcos, la locación perfecta para vivir mil aventuras, donde mis muñequitos de plástico eran los personajes principales. Buscaba los lugares que mejor se acomodaran a las necesidades de mis historias, las cuales se desarrollaban conforme transcurrían los hechos. Había ahogados, riñas (como en las películas de vaqueros que veía y que, casi siempre, tenían enfrentamientos en algún río o arroyuelo), aventuras acuáticas, y otras tantas cosas más.
También me encantaban las bolitas de tierra colorada que se formaban cuando terminaba de llover. Una vez secas, parecían piedras, la diferencia era que si las arrojabas se deshacían al estrellarse con el suelo o la pared. Y comencé a utilizarlas con mis muñequitos, me servían como granadas cuando intercambiaban fuego los buenos y los malos -esos sí eran efectos especiales. Me fascinaba ver cómo salían volando, igual y como ocurría en las explosiones de las películas de guerra que veía mi padre.
En esos días, mi vecinito jugaba con sus Transformers, o con los muñequitos de Star Wars (de Lily Ledi), pero siempre evitando los charcos para que no se le estropearan. No sabe lo que se pierde-, pensaba. Para mí era una fortuna poder chapotear hasta que me cachaban mis padres o mi tía, y siempre me regañaban por jugar imprudentemente. "Te vas a enfermar" era el argumento persistente.
Y mientras la lluvia poco a poco iba dibujando los charcos de la calle, y recordaba cómo gozaba jugando en ellos, quise rememorar esos días pensando en cómo les podría sacar provecho ahora, saber hasta dónde me llevaría mi imaginación, y... nada.
No quiero volver a jugar con mis muñequitos, sólo desearía poder recuperar esa imaginación perdida -supongo que debe ser culpa de los años.
Etiquetas:
anécdotas,
reflexiones,
vida
domingo, 8 de junio de 2008
Cartas desde el inframundo IX
Agosto, 2001
Señorita Escalante:
De nueva cuenta me disculpo por haberme perdido por algún tiempo. Mi teléfono, como pudo darse cuenta, está descompuesto por sobregiro de pagos y decidí pasarme unos días en casa de mis padres hasta que encuentre la claridad de los últimos acontecimientos en mi vida.
Le cuento que varios meses atrás conocí una mujer de nariz diminuta y pecas abundantes que, desde el día que me tropecé con ella, acaparó de inmediato mi atención. Fue en una fiesta donde coincidimos que me atreví (por fin) a obtener su teléfono, y donde comenzó la odisea.
Desde las primeras salidas que tuvimos, se mostró accesible a mis intromisiones recurrentes por saber de su vida, obviamente su contraataque no podía esperarse con menos ferocidad, lo que hacía de nuestras pláticas todo un deleite, así como el postre más esperado después de una provechosa tarde juntos.
Recuerdo que, entre tantas citas, recorrimos los confines más impensables de esta caótica ciudad sin dejar ningún resquicio inhabitable sin explorar, y durante los trayectos jamás dejamos pasar la oportunidad para conocer desde el punto más fino hasta el más impúdico de cada uno de nosotros. Hasta me vi envuelto en un picnic –hágame usted el favor- y una serie de actividades que resultan demasiado desconocidas para mi rutina diaria (debe ser parte de esta dulce intoxicación).
La empatía y confianza eran tan grandes, que no dudó en contarme sus dolencias para la tercera o cuarta cita, mismas que eran su enemigo a vencer e impulso para seguir adelante, pero, al mismo tiempo, su fantasma y verdugo más implacables. Y cuan sanguinario resultó ese silencioso asesino que nos evitaría, y nos perdería, de un “tete a tete” que no pudo escapar más allá de la imaginación. Pues si bien fueron muchas las tardes en las que nos divertimos como niños, existieron otras tantas en las que abrazados nos separábamos cada vez más, víctimas de un beso de papel que parecía haber dictado una sentencia irreversible.
Oportunidades para sobrellevar estas vicisitudes nos sobraron, sólo que “yo podía haberlo hecho mejor, vos podías acercarte a mí”, y seguro me faltó algo de paciencia y le faltó algo más de entrega, pero ambos decidimos partir hacia distintos puertos en busca de diferentes horizontes. Nuestras miradas, finalmente, se perdieron entre la multitud desapercibida ante nuestra despedida.
Hoy en día me siguen, o sigo, hablando de ella, y no puedo evitar la sonrisa en mi cara –cosa buena. Es gracioso, es la única de mis mujeres, hasta el momento, que no me susurró al oído un “recuérdame” mientras nos despedíamos, sin embargo traigo todavía su aroma entre mis dedos, los hilos de su cabello entre mis ropas, y la melancolía de su persona habitando un rincón muy guardado y exclusivo de mi corazón.
Que tenga bonitos días señorita Escalante.
Su inolvidable Suicida.
Señorita Escalante:
De nueva cuenta me disculpo por haberme perdido por algún tiempo. Mi teléfono, como pudo darse cuenta, está descompuesto por sobregiro de pagos y decidí pasarme unos días en casa de mis padres hasta que encuentre la claridad de los últimos acontecimientos en mi vida.
Le cuento que varios meses atrás conocí una mujer de nariz diminuta y pecas abundantes que, desde el día que me tropecé con ella, acaparó de inmediato mi atención. Fue en una fiesta donde coincidimos que me atreví (por fin) a obtener su teléfono, y donde comenzó la odisea.
Desde las primeras salidas que tuvimos, se mostró accesible a mis intromisiones recurrentes por saber de su vida, obviamente su contraataque no podía esperarse con menos ferocidad, lo que hacía de nuestras pláticas todo un deleite, así como el postre más esperado después de una provechosa tarde juntos.
Recuerdo que, entre tantas citas, recorrimos los confines más impensables de esta caótica ciudad sin dejar ningún resquicio inhabitable sin explorar, y durante los trayectos jamás dejamos pasar la oportunidad para conocer desde el punto más fino hasta el más impúdico de cada uno de nosotros. Hasta me vi envuelto en un picnic –hágame usted el favor- y una serie de actividades que resultan demasiado desconocidas para mi rutina diaria (debe ser parte de esta dulce intoxicación).
La empatía y confianza eran tan grandes, que no dudó en contarme sus dolencias para la tercera o cuarta cita, mismas que eran su enemigo a vencer e impulso para seguir adelante, pero, al mismo tiempo, su fantasma y verdugo más implacables. Y cuan sanguinario resultó ese silencioso asesino que nos evitaría, y nos perdería, de un “tete a tete” que no pudo escapar más allá de la imaginación. Pues si bien fueron muchas las tardes en las que nos divertimos como niños, existieron otras tantas en las que abrazados nos separábamos cada vez más, víctimas de un beso de papel que parecía haber dictado una sentencia irreversible.
Oportunidades para sobrellevar estas vicisitudes nos sobraron, sólo que “yo podía haberlo hecho mejor, vos podías acercarte a mí”, y seguro me faltó algo de paciencia y le faltó algo más de entrega, pero ambos decidimos partir hacia distintos puertos en busca de diferentes horizontes. Nuestras miradas, finalmente, se perdieron entre la multitud desapercibida ante nuestra despedida.
Hoy en día me siguen, o sigo, hablando de ella, y no puedo evitar la sonrisa en mi cara –cosa buena. Es gracioso, es la única de mis mujeres, hasta el momento, que no me susurró al oído un “recuérdame” mientras nos despedíamos, sin embargo traigo todavía su aroma entre mis dedos, los hilos de su cabello entre mis ropas, y la melancolía de su persona habitando un rincón muy guardado y exclusivo de mi corazón.
Que tenga bonitos días señorita Escalante.
Su inolvidable Suicida.
Etiquetas:
cartas,
inframundo
sábado, 7 de junio de 2008
Lapsus Brutus (más brutus que lapsus)
Sí, me he autocensurado porque soy re-mamón hasta conmigo mismo. Eliminé mis dos últimos post acerca de las "Manzanas susurrantes", la razón: muy a pesar de que el proyecto lo había prometido a mi regreso de unas vacaciones que me eché en Puebla, me castró la poca trascendencia de mis palabras porque eran chistes locales que unos cuantos privilegiados entendíamos -y la culpa la tiene, otra vez, ese puto chileno. Además, creo que, siendo el objetivo de este blog 'echar letras', mis posts deberían tener cierto fundamento analítico, anímico o etílico (ya de perdis), y no nomás aventarme posteos a diestra y siniestra en honor cuanta pendejez se me ocurra en los ratos de ocio -para eso tengo el hi5 o puedo incluír el dichosito twitter a mi blog. Porque, aunque ustedes no lo crean, me estoy volviendo cada vez más exigente con lo que escribo.
Una disculpa a los que dejé con la duda de lo que sucedió durante la expedición en busca de las manzanas susurrantes, c'est la vie.
Una disculpa a los que dejé con la duda de lo que sucedió durante la expedición en busca de las manzanas susurrantes, c'est la vie.
domingo, 25 de mayo de 2008
Cartas desde el inframundo VIII
Julio, 1999
Querida señorita Escalante:
Como se aferra el corazón a lo perdido, lo peor es que ¿cómo puedes perder algo que nunca ha sido tuyo? Esta pérdida falaz no sé hasta qué punto puede ser igual o más insoportable que el haber tenido y después perdido. Desde esta perspectiva, no debería existir esta carta, no tiene razón de ser, sin embargo se la escribo como parte de mi terapia recurrente.
Buscando como cualquier artista barato busca la internacionalización, me dejé llevar por una niña nipona de ojos no tan rasgados pero con unos vidrios impenetrables que no sólo resguardaban sus globos oculares, también lo hacían con su persona, sellándola como si fuera un frasquito de aceitunas que nos cuesta una hernia para abrirlo.
Usted se estará preguntando el por qué embarcarme en una diligencia que desde el principio se notaba casi imposible (de haber advertido estos detalles, créame que yo tampoco me hago a la aventura), y tiene razón, pues jamás compartimos el gusto por el cine, casi nunca coincidimos en los mismos lugares de siempre, ni mucho menos simpatizamos con los amigos, pero este encuentro fallido sirvió para conocernos más y mirarnos hacia adentro, como una especie de catarsis involuntaria. A ella le sirvieron mis ocurrencias para hacerla reír, le bastaron mis palabras para devolverle la confianza y hacerla más abierta con la gente, y mi persona para contar con un confidente más. A mí, su sonrisa sirvió para devolverme el alma, sus ojos para abrigarme en las noches de verano, y sus palabras para recobrar la fuerza para seguir adelante ante las exigencias de la vida.
Ambos salimos beneficiados de este desencuentro recíproco, yo me quedo con la honestidad con la que siempre se mostró ante mí, y me llevo conmigo a todos sus hermanos con los que nunca fui un extraño. Ella también se llevó varias cosas mías, y tal vez no lo sabe, pero son, desde ahora, de ella (y muy valiosas).
Que largo es el camino a casa cuando has dejado una parte de ti con esa persona.
Su suicida.
Querida señorita Escalante:
Como se aferra el corazón a lo perdido, lo peor es que ¿cómo puedes perder algo que nunca ha sido tuyo? Esta pérdida falaz no sé hasta qué punto puede ser igual o más insoportable que el haber tenido y después perdido. Desde esta perspectiva, no debería existir esta carta, no tiene razón de ser, sin embargo se la escribo como parte de mi terapia recurrente.
Buscando como cualquier artista barato busca la internacionalización, me dejé llevar por una niña nipona de ojos no tan rasgados pero con unos vidrios impenetrables que no sólo resguardaban sus globos oculares, también lo hacían con su persona, sellándola como si fuera un frasquito de aceitunas que nos cuesta una hernia para abrirlo.
Usted se estará preguntando el por qué embarcarme en una diligencia que desde el principio se notaba casi imposible (de haber advertido estos detalles, créame que yo tampoco me hago a la aventura), y tiene razón, pues jamás compartimos el gusto por el cine, casi nunca coincidimos en los mismos lugares de siempre, ni mucho menos simpatizamos con los amigos, pero este encuentro fallido sirvió para conocernos más y mirarnos hacia adentro, como una especie de catarsis involuntaria. A ella le sirvieron mis ocurrencias para hacerla reír, le bastaron mis palabras para devolverle la confianza y hacerla más abierta con la gente, y mi persona para contar con un confidente más. A mí, su sonrisa sirvió para devolverme el alma, sus ojos para abrigarme en las noches de verano, y sus palabras para recobrar la fuerza para seguir adelante ante las exigencias de la vida.
Ambos salimos beneficiados de este desencuentro recíproco, yo me quedo con la honestidad con la que siempre se mostró ante mí, y me llevo conmigo a todos sus hermanos con los que nunca fui un extraño. Ella también se llevó varias cosas mías, y tal vez no lo sabe, pero son, desde ahora, de ella (y muy valiosas).
Que largo es el camino a casa cuando has dejado una parte de ti con esa persona.
Su suicida.
Etiquetas:
cartas,
inframundo
sábado, 24 de mayo de 2008
Entre ingenieros en sistemas te veas...
Desde algún tiempo, y en mi experiencia personal, tenía la teoría de que los diseñadores somos algo así como los patitos feos para los ingenieros en sistemas (en cuestiones laborales), y hace pocos días pude comprobarlo en definitiva, pues acudí a una entrevista de trabajo en una empresa que elabora páginas web, aunque insistían en promocionármela (con anuncios de neón, bellas edecanes y toda la cosa) como una compañía de desarrollo y consultoría web. Experiencia que fue todo un ejercicio pragmático, cómico, mágico y musical.
Uno se prepara mentalmente para una entrevista de trabajo, en mi caso trato de no pensar en ello para no ponerme nervioso a la hora de la verdad. Lo que a uno no le dicen, es que también hay que prepararse psicológicamente para cualquier cosa, incluyendo la carnicería de la que muy alegremente fui partícipe.
Entro a la oficina de mi entrevistador, la cual tenía sus 358, 900 placas conmemortivas, títulos, y fotos de él con otros personajes desconocidos (que seguramente sólo eran conocidos por él y en sus casas). Después de la ceremonia protocolaria, comenzó la ronda de "Las trece preguntas del Trece", donde deduje -por su lenguaje, modo de conducirse y conocimientos básicos- que estaba frente a un ingeniero en sistemas o un programador. Para cuando me pregunta por mi nivel de conocimientos en paquetería de diseño, supe en qué tono se desenvolvería el resto de la entrevista cuando me contestó casi irónicamente: "no me mientas, porque he tenido otros 'monitos' que me han dicho que saben y a la hora de preguntarles hasta por cosas básicas resulta que siempre no". Yo nada más me la pasaba contando hasta diez (mientras llegaba a mil) y respirando profundamente.
Minutos después, revisa mi portafolio de trabajos, en donde, más que ver mis trabajos, se la pasó criticando que si el pixelito se le corrió, que por qué se veían las franjitas a los lados (¡por el amor de Dios! no todos tenemos widescreen como monitor), y sin entender, ni atender, la sección de mis ilustraciones, al igual que el resto del portafolios en general. Lo que si notó, es mi tendencia hacia el tema de las drogas (déjenme ver... trabajé para Larva, que promocionaban las drogas, el sexo y el alcohol -sin contar que eran unos 'junkies'-, y los últimos dos años de mi vida los he dedicado a la prevención en materia de adicciones, gracias a los 'junkies' de Larva... que bueno que no revisaron mi hi5, o mi blog, porque pensarían que soy un maniático sexual o un esquizoide). Me preguntó el por qué, yo le contesté con el discurso de la reducción de riesgos y daños que traigo desde que me metí en estos menesteres, con lo que su desinterés hacia mi plática fue "discretamente" disfrazado con una mueca de "no sé y me vale madres", haciéndome sentir como si, para un diseñador, trabajar en este tipo de actividades fuera una pérdida de tiempo.
Ya casi finalizada la entrevista, me suelta el típico "nosotros te llamamos", el cual no deja satisfecho a nadie, pero sirvió para tranquilizarme y dejarme con un profundo arrepentimiento por no saltarle encima y dedicarle mis mejores movimientos 'matrix' en su contra -I know kung-fu.
Sé que este tipo de experiencias sirven de aprendizaje, y espero encontrarle el lado bueno en los próximos días, porque todavía sigo muy ofuscado, ya no por el tipo este, sino por lo de no brincarle encima.
Uno se prepara mentalmente para una entrevista de trabajo, en mi caso trato de no pensar en ello para no ponerme nervioso a la hora de la verdad. Lo que a uno no le dicen, es que también hay que prepararse psicológicamente para cualquier cosa, incluyendo la carnicería de la que muy alegremente fui partícipe.
Entro a la oficina de mi entrevistador, la cual tenía sus 358, 900 placas conmemortivas, títulos, y fotos de él con otros personajes desconocidos (que seguramente sólo eran conocidos por él y en sus casas). Después de la ceremonia protocolaria, comenzó la ronda de "Las trece preguntas del Trece", donde deduje -por su lenguaje, modo de conducirse y conocimientos básicos- que estaba frente a un ingeniero en sistemas o un programador. Para cuando me pregunta por mi nivel de conocimientos en paquetería de diseño, supe en qué tono se desenvolvería el resto de la entrevista cuando me contestó casi irónicamente: "no me mientas, porque he tenido otros 'monitos' que me han dicho que saben y a la hora de preguntarles hasta por cosas básicas resulta que siempre no". Yo nada más me la pasaba contando hasta diez (mientras llegaba a mil) y respirando profundamente.
Minutos después, revisa mi portafolio de trabajos, en donde, más que ver mis trabajos, se la pasó criticando que si el pixelito se le corrió, que por qué se veían las franjitas a los lados (¡por el amor de Dios! no todos tenemos widescreen como monitor), y sin entender, ni atender, la sección de mis ilustraciones, al igual que el resto del portafolios en general. Lo que si notó, es mi tendencia hacia el tema de las drogas (déjenme ver... trabajé para Larva, que promocionaban las drogas, el sexo y el alcohol -sin contar que eran unos 'junkies'-, y los últimos dos años de mi vida los he dedicado a la prevención en materia de adicciones, gracias a los 'junkies' de Larva... que bueno que no revisaron mi hi5, o mi blog, porque pensarían que soy un maniático sexual o un esquizoide). Me preguntó el por qué, yo le contesté con el discurso de la reducción de riesgos y daños que traigo desde que me metí en estos menesteres, con lo que su desinterés hacia mi plática fue "discretamente" disfrazado con una mueca de "no sé y me vale madres", haciéndome sentir como si, para un diseñador, trabajar en este tipo de actividades fuera una pérdida de tiempo.
Ya casi finalizada la entrevista, me suelta el típico "nosotros te llamamos", el cual no deja satisfecho a nadie, pero sirvió para tranquilizarme y dejarme con un profundo arrepentimiento por no saltarle encima y dedicarle mis mejores movimientos 'matrix' en su contra -I know kung-fu.
Sé que este tipo de experiencias sirven de aprendizaje, y espero encontrarle el lado bueno en los próximos días, porque todavía sigo muy ofuscado, ya no por el tipo este, sino por lo de no brincarle encima.
Etiquetas:
anécdotas,
reflexiones
viernes, 23 de mayo de 2008
Otras chachalidades
La trascendencia del puto
No recuerdo en qué ocasión, en dónde, en qué circunstancias, ni bajo el influjo de qué sustancia tóxica, alguien me comentó que una de las groserías que más le encantaba era "puto", pues era la peor manera en la que podías llamar a otra persona -más efectivo aplicado a otro hombre-, y también era la más ofensiva, después de la ya tradicional mentada de madre. Yo no creo que sea la segunda grosería más ofensiva, pero sí considero que es de las más recurrentes en la lengua española.
Puto es empleado para llamar a la persona que es cobarde, aquella que no responde por sus acciones y que no se faja los pantalones ante las decisiones importantes o situaciones difíciles. Puto, es la mejor forma de ofender la hombría de todo varón que se jacte de ser un 'macho'. Puto, desgraciadamente, también es sinónimo de 'joto' y 'maricón', mismos que son aplicados en forma despectiva hacia los homosexuales. Aunque en este último punto, deberíamos señalar una discrepancia del uso común de la palabra: si 'puta' es la sexo-servidora, o la mujer que se mete con varios los hombres, entonces 'puto' tendría que ser exactamente lo mismo sólo que en masculino.
Puto también tiene otros usos: como protocolo social, "¿quihubo puto, cómo estás?"; como invitación a realizar actividades recreativas, tales como las peleas y apuestas estúpidas: "¿pues qué pedo puto?", o "no le saques puto"; como comparativo: "perdón por llegar tarde pero es que había un puto tráfico..." (en este caso, 'puto' equivale a más que "mucho", pero menos que "un chingo"); y como superlativo: "¡pinche puto cabrón!", mismo que es el superlativo para ese hijo-de-la-chingada-culero-mamón-de-mierda-que-te-caga-los-huevos-y-te-cae-en-la-punta-de-la-verga.
De igual manera, puto juega un papel importante en la sociedad mexicana: los putos impuestos, la puta crisis, la puta inflación, la puta televisión, los putos baches, el puto segundo piso del Periférico, los putos políticos (los putos más famosos), etc.
Tal es la trascendencia del puto en nuestra vida cotidiana, que puto es el que no brinque y el que no salte. Puto, el que no grite y eche desmadre. Puto, el güey que quedó conforme. Puto, el que creyó lo del informe. Puto, el que nos quita la papa. Puto, también todo que lo tapa. Puto, el que no hace lo que quiere. Puto, puto nace, puto se muere...
No recuerdo en qué ocasión, en dónde, en qué circunstancias, ni bajo el influjo de qué sustancia tóxica, alguien me comentó que una de las groserías que más le encantaba era "puto", pues era la peor manera en la que podías llamar a otra persona -más efectivo aplicado a otro hombre-, y también era la más ofensiva, después de la ya tradicional mentada de madre. Yo no creo que sea la segunda grosería más ofensiva, pero sí considero que es de las más recurrentes en la lengua española.
Puto es empleado para llamar a la persona que es cobarde, aquella que no responde por sus acciones y que no se faja los pantalones ante las decisiones importantes o situaciones difíciles. Puto, es la mejor forma de ofender la hombría de todo varón que se jacte de ser un 'macho'. Puto, desgraciadamente, también es sinónimo de 'joto' y 'maricón', mismos que son aplicados en forma despectiva hacia los homosexuales. Aunque en este último punto, deberíamos señalar una discrepancia del uso común de la palabra: si 'puta' es la sexo-servidora, o la mujer que se mete con varios los hombres, entonces 'puto' tendría que ser exactamente lo mismo sólo que en masculino.
Puto también tiene otros usos: como protocolo social, "¿quihubo puto, cómo estás?"; como invitación a realizar actividades recreativas, tales como las peleas y apuestas estúpidas: "¿pues qué pedo puto?", o "no le saques puto"; como comparativo: "perdón por llegar tarde pero es que había un puto tráfico..." (en este caso, 'puto' equivale a más que "mucho", pero menos que "un chingo"); y como superlativo: "¡pinche puto cabrón!", mismo que es el superlativo para ese hijo-de-la-chingada-culero-mamón-de-mierda-que-te-caga-los-huevos-y-te-cae-en-la-punta-de-la-verga.
De igual manera, puto juega un papel importante en la sociedad mexicana: los putos impuestos, la puta crisis, la puta inflación, la puta televisión, los putos baches, el puto segundo piso del Periférico, los putos políticos (los putos más famosos), etc.
Tal es la trascendencia del puto en nuestra vida cotidiana, que puto es el que no brinque y el que no salte. Puto, el que no grite y eche desmadre. Puto, el güey que quedó conforme. Puto, el que creyó lo del informe. Puto, el que nos quita la papa. Puto, también todo que lo tapa. Puto, el que no hace lo que quiere. Puto, puto nace, puto se muere...
Etiquetas:
chachalidades,
pensamientos raros,
reflexiones
Suscribirse a:
Entradas (Atom)