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lunes, 30 de marzo de 2009

Raro

'Raro' es el adjetivo más recurrente que la gente emplea para describirme, y no porque tenga alguna cualidad física sorprendente. Al principio me confudía el que me catalogaran así, porque no sabía a qué demonios se referían, posiblemente tenía alguna enfermedad cerebral degenerativa que ocasionaba que mi materia gris me jugara malas pasadas para que no me percatara de las estupideces que hacía y decía. A final de cuentas, no entendía que pudiera haber de extraño en mí. Y me di cuenta que la estupidez radicaba en hacerme ese tipo de cuestionamientos impertinentes. Total, algo me decía que serían muchas las veces que seguiríamos escuchando el mismo calificativo para referirse a mi persona.

Con el tiempo, dejé de darle importancia hasta que empecé a encontrarle el gusto. Ahora recibo como un halago que me llamen así -'raro'- me hace sentir alguien importante (sí, alimenta mi ego). Y debo confesar que lo he llegado a disfrutar tanto, que me esmero en ganarme el adjetivo desde hace varios años.

Recuerdo que cuando era un puberto, mi hermana siempre me decía que me gustaba llamar la atención, por lo que mis supuestas 'rarezas' no eran más que un ardid publicitario. Eso lo explicaba todo: el instalarme en el personaje que me achacaban mis amigos y compañeros de clases, el inventarme una terminología bastante pintoresca, el mantener diálogos conmigo en voz alta a cualquier hora y en cualquier lugar (mi padre pensó que estaba loco la primera vez que me encontró haciéndolo), o el uso arbitrario del plural para sustituir las conjugaciones en primera persona.

Al paso de los años, los 'raros' se hacían más frecuentes, por lo que decidí ayudar a la causa: comprar lentes de colores llamativos, tener una colección de gorros 'ridículos', zapatos azules y rojos, y todo un cajón lleno de calcetines folclóricos de los que rara vez uso el par coordinado (no me visto de noche ni con los ojos cerrados, así me gusta usarlos). Tenía más que estudiado el personaje.

Hasta que un día, me doy cuenta que hay manías y comportamientos compulsivos, que hay deshoras de sueño, gustos musicales que van de lo sublime a lo ridículo (y de varias partes del mundo), que tengo principios -de nosedonde- que me niego a traicionar, connotaciones diferentes de cosas tan triviales, que hay muchas historias interesantes que contar, y muchos defectos y virtudes que estaban ahí, acompañándome desde siempre. El personaje era la verdadera persona, y quien yo creía que era la persona, resultó ser un personaje. Fue entonces que 'raro' se volvió el adjetivo más recurrente para describirme, y no porque tenga alguna cualidad física sorprendente.

Y a la vez no soy tan raro, sino que me voy conociendo y me voy sorprendiendo del que soy día con día... y lo estoy disfrutando. Sí. Más bien, soy complejo, demasiado complejo hasta para mí mismo.

Tan complejo como cualquier ser humano.

lunes, 23 de marzo de 2009

Debe haber un burro al que la primavera le valga madre

Acá entre nos, mientras la mayoría de la gente se muestra altamente agradecida con la madre naturaleza por tener que cambiar los abrigos por ropa más ligerita, entre que los colores se saturan y parecen más 'vivos' que el resto del año (eso o mi pupila está obscenamente dilatada), y que los pajaritos parecen tener una vida social más activa que de costumbre, con la llegada de la primavera a mí se me acabaron los días felices.

No es que sea bipolar, ni porque tenga que emprender una empresa que me haga sentir miserable, más bien se trata de una cuestión de gustos: yo soy feliz cuando el cielo está nublado, adoro la lluvia, y me ahogo cuando no hace frío. Soy feliz sólo seis meses al año (aunque con el cambio climatológico, la cifra se ha vuelto inconstante). Los días calurosos se me hacen días 'equis', no los soporto, sobre todo porque en estos lares el calor es seco y con mucha suerte llegas sudar, lo que hace que uno sienta que la sangre está en ebullición constante y deja abierta la posibilidad de que te llegue a explotar la aorta por tanta cocción.

En fin, los próximos meses tendré que re-acostumbrarme a ser feliz por ratos.

Son los días que quisiera que pasaran pronto, sin embargo son los que corren más lento.




...Y sigo sin entender qué demonios le ocurre hormonal o psicológicamente al burro para ponerse como se pone en primavera.

lunes, 2 de marzo de 2009

Apuntes de un mes que se perdió

Hoy fue el último día de mi tallercito de técnicas de representación arquitectónica (¡guau! suena tan importante el término). Se cerró un ciclo con varias anécdotas curiosas y algunas memorables, y no puedo evitar sentirme algo triste. No es que extrañe a mis 'mostritos', que le agregaron dos canas a mi hermosa cabellera sedosa y reluciente (ajá), es por la docencia.

El segundo del año significó un mes muy entretenido, revitalizante, lleno de trabajo, y a la vez divertido y revelador. Me voy dando cuenta que le encuentro un gustillo muy exquisito a la enseñanza, y a torturar las mentes de los chamacos imberbes (¿por qué no? Ja, ja), que el estar compartiendo -con alguien más- todo lo aprendido es mejor que acumular conocimiento para sí mismo, que no me desanima encontrarme con veintitantos alumnos que hacen sus tareas por obligación, o por pasar la materia como sea, mientras hayan dos o tres a los que les haya servido de algo mi apoyo, y que tampoco me importa tener que regresar diez, veinte, o treinta veces, por los veintitantos restantes para que entiendan que no es a mí a quién le tienen que demostrar que sí pueden, es a ellos mismos. Y que al final del día, no me importa si no se despiden de mí o si me dan la gracias, mientras yo pueda afirmar que fue un placer trabajar con ellos, me doy por bien servido.

Cada vez me gusta más la docencia, y me emociono como la primera vez que di clases, hace algunos años, así como también encuentro terapéutica la escritura, como cuando comencé a escribir, o cuando abrí este changarro (es increíble que ya casi es un año, no pensé durar tanto). Y estoy feliz por este mes tan grandioso, con una hermosa constancia que acredita que impartí mi tallercito (de hecho, no está hermosa, es una cartulina tamaño carta, en blanco y negro, y con el logotipo de la universidad, pero de que tiene valor curricular, lo tiene), y al mismo tiempo me queda ese saborcillo agridulce de no pisar otro salón de clases por tiempo indefinido -ojalá y no pase tanto para volver a hacerlo.

Sí, es por la docencia... y no es que extrañe a mis 'mostritos', sino que anhelo tener más.

viernes, 27 de febrero de 2009

Back to school

Hoy volví a aparecerme, después de algún tiempo, en mi casa, mi alma máter, mi universidad. Es tan mía y no, a la vez.

Ya nos pusieron techo en el 'T', el Sol ya no pega como antes, pero nos echó a perder el reloj solar. La cafetería es tan diferente a lo que yo recordaba: ya tienen dispensadores de refrescos, el menú es de lo más variado (me pregunto si siguen preparando los huevos radioactivos en el desayuno), y cada vez se parece más a una cafetería de universidad de paga que a una de terminal de autobuses. La credencial -por fin- cumple con su función (una especie de tarjeta de crédito multi-pluri-funcional) y dejó de ser sólo un accesorio de lujo. Y, así, los cambios son evidentes, como si hubieran pasado más de ocho años. Pero el 'L', ese edificio que era el templo, hostal, y guarida, de una vida universitaria, es lo que menos reconozco.

Nos quitaron el bonito gris que nos relajaba y fue sustituido con amarillo, y un uso arbitrario de colores primarios y secundarios que ni el mismo Barragán hubiera empleado en su obra; los 40 salones fueron mutilados para dar cabida a 60 que nunca se llenan ni son ocupados; le dije adiós a las bonitas jardineras que engalanaban los espacios muertos, ahora nos dieron puestos de mercado sin reces, licuados, o comida, sólo restiradores amontonados para la comodidad(?) de los alumnos, y que hacen más difícil el traslado entre salones; la "pecera", el centro de exposiciones por excelencia -donde no cualquiera tenía el privilegio de exponer trabajos ahí-, murió, ahora tiene varios hijos huerfanos en todos y cada uno de los salones, que se asemejan cada vez más a un zoológico (¿'on 'tá el osito panda?); y nos dejaron sin nuestro lápiz (una pared con un lápiz pintado simulando una letra 'L' que era la parada obligatoria al final de la jornada estudiantil).

No todo está tan cambiado, pude distinguir algunas caras de la vieja guardia, mis ex-profesores. Manuelito me sigue preguntando por mi falda y mi cabello morado, el 'cubano' sigue tratando de reconocerme y yo sin saludarlo -me sigue cayendo mal-, el 'zanahoria' sigue con su sistema Another Brick in the Wall en sus clases, una de las 'frijolas' me saluda efusivamente, y Marta... fue la más sorprendida y feliz de verme. Fue -y es- de las mejores profesoras que tuve, la que me hacía renegar y rabiar, la que más entendió -ahora- mi gusto por la docencia, con la que intercambiamos anécdotas, peripecias, y tips del proceso educativo, y fue la que me dedicó los mejores y más sentidos deseos para conseguir la plaza en esta casa, aunque en otro campus.

Sí. Por un momento añoré esas épocas en las que me quejaba por la excesiva carga de trabajo, las tardes de los viernes en 'las abuelas' (centro de convenciones y salón de fiestas de 3:00 a 9:00 p.m.), y la ausencia de 'dormir' y 'comer' en mi lista de verbos, pero... ahora estoy de este lado.

Es tan mía, y no, esta casa. "La sangre llama" -supongo.

domingo, 22 de febrero de 2009

Espacios en blanco

Mi musa se encuentra durmiendo en mi cama, esperando por mí. Se fue a dormir sola y visiblemente molesta porque, durante varias semanas, no le he puesto la atención debida. Yo le digo que es por el portafolio de trabajos que tengo que terminar urgentemente, que si las clases para mis 'mostritos' de la universidad, que las ilustraciones que hay que entregar el próximo mes, o que si el logotipo por trabajar. Ella se enfada, se fastidia, con razón justificable, y amenaza con abandonarme un día de estos. Entonces, hago un receso para jugar un rato con ella, y después de varios intentos fallidos:

"Raro, es el adjetivo más recurrente para..."
"Cuestan trabajo estos días porque..."
"Me gusta cómo suena 'bajo presión', es un término bastante oportuno cuando..."

Y nada, mi cerebro se encuentra molido por tantas ocupaciones. Encojo los hombros y dirijo la vista hacia otro lado, no puedo mirarle a los ojos. Ella me da un beso tierno en la frente y se va a dormir. Es su forma -muy peculiar- de manifestarme su enojo.

Quiero decirle que espero terminar esos escritos, tal vez algo como "gorrión gorrión", mínimo; que los 'mostritos', y los demás proyectos, merecen algún comentario. Y sé que encontraré algún tiempo para 'bitacorarlos'.

Quizá no lo sabe, pero la extraño mucho.

martes, 10 de febrero de 2009

Es lo que jugabas

Me encontraba trabajando en mi portafolios de trabajo, resolviendo unas cuestiones técnicas, cuando me dije a mí mismo: —mí mismo, te va ganar la hueva. Tienes razón —me contesté desvergonzadamente. Acto seguido, me metí a internet para ocupar mi tiempo en cosas menos productivas. Y fue en el blog de Violeta, que sí es productivo a diferencia de éste, donde me encontré un post que me trajo muchos recuerdos de mi niñez y los juegos a los que dedicaba mis ratos libres. Uno de ellos es el de "gorrión gorrión", que solía jugar con mis primos (y que, al parecer, la exclusividad del juego era propiedad del pueblo donde vivían, porque no recuerdo haberlo jugado en otro lado). Los preparativos, la planeación, desarrollo, y realización del juego, eran todo un arte.

Todo iniciaba cuando a algún idiota se le ocurría decir "vamos a jugar gorrión gorrión", y otros tantos, más idiotas que el primero -incluido yo-, accedíamos animados. Entonces, nos sentábamos alrededor de un círculo y cada uno tenía que decir que animal era (no necesariamente confesar la estupidez propia, sino decidir si se era 'pato', 'vaca', etc.), y no se valía repetir animales, sólo podía haber uno de cada especie y sexo (estábamos más jodidos que Noé, el del arca). De todos los participantes, uno, que generalmente era el que tuvo la idea de realizar tan ociosa actividad (no recuerdo si este tipo tenía algún nombre en particular dentro del juego, pero sí recuerdo su función dentro del mismo), se armaba de un cinturón, cuerda, o mecate. Con todos estos detalles resueltos podíamos realizar el ritual.

Para comenzar, el... vamos a ponerle "el niño del cinto", escogía a alguno de los participantes al azar, o arbitrariamente si se le daba su regalada gana, éste debía ponerse de pie y, cuando se inauguraba oficialmente el congreso de "gorrión gorrión", el participante 'vaca', por ejemplo, tenía que correr alrededor de los demás seguido por "el niño del cinto" quien blandía vigorosamente el cinto y de vez en cuando lanzaba dos que tres riatazos bien acomodados en la humanidad del participante. Pero, ¿ese era todo el chiste? No. Como todo juego de niños, la lógica era lo menos importante, por lo tanto había que llenar todos los huecos con un diálogo que se llevaba a cabo mientras duraba la flagelación. Y, si mi memoria no me falla, era algo así:

—Gorrión, gorrión —decía "el niño del cinto".
—Mande usted, señor —contestaba el participante 'vaca'.
—¿Qué hiciste hoy? —preguntaba "el niño del cinto".

Aquí la serie de preguntas y respuestas era intrascendental, excepto las primeras dos líneas que eran fundamentales (de ahí el nombrecito del juego). Lo realmente importante para el "niño del cinto" era hacer tiempo para poder soltarle riatazos a diestra y siniestra al participante en turno. Cuando el participante -casi- tenía la espalda roja, entonces venía la última e importante pregunta:

—¿A quién viste?
—Al elefante —le respondía el participante 'vaca'.

Entonces, 'vaca' podía descansar y sentarse con sus demás compañeros, mientras que 'elefante' debía ponerse inmediatamente de pie cuando se le nombraba, correr alrededor de los demás participantes, seguido por... sí, el horripilante "niño del cinto", y repetir el mismo diálogo 'kafkiano' hasta que intercambiaba su lugar por otro de los participantes.

También habían ciertas reglas importantes:

  1. Tenías que aguantar los embates del "niño del cinto" sin quejarte, de lo contrario el riatazo siguiente era más violento y temido.
  2. No podías tardar en contestarle al "niño del cinto" porque, de igual manera, el riatazo era más 'juerte'.
  3. Como en toda gran empresa, donde todas y cada una de las partes de la misma tienen una función y es necesario que la cumplan para trabajar en armonía, había que dejar hacer su trabajo al "niño del cinto" de vez en cuando. Esquivar algún golpe, o correr presuroso para que no te alcanzara con su cinto, sólo ocasionaría que se manchara contigo cuando te tocara levantarte nuevamente o que te golpeara aún cuando ya cambiaste lugar y te estás sentando (que era el único momento en el que eras inmune al "niño del cinto").
  4. No podías seleccionar a un participante al que le hubiera tocado su ronda de mazapanazos en el turno previo al tuyo.
Y así se nos podía ir toda la tarde hasta que al "niño del cinto" se le ampollaba la mano, o cuando alguno de los participantes resultaba herido (y era común que dijera "pido", aunque no recuerdo que fuera acompañado por la señal de amor y paz).

Ahora que recuerdo "gorrión gorrión", y que lo reflexiono profundamente, pienso que ¿a quién diablos le puede parecer divertido y 'etsitante' un juego donde corres como idiota, te pegan, y no ganas nada más allá de un ardor de espalda insoportable? Me imagino que para "el niño del cinto" era todo un mundo de posibilidades (aparte de ser notorio que jamás me tocó a mí ser el ya muy mentado "niño del cinto"). Pero, cuando uno es niño, no te importan esas cosas, lo realmente importante es divertirte e inventar nuevas formas para hacerlo.

Y usted amigo o amiga ¿También tenía juegos tan peculiares como el "gorrión gorrión"?

viernes, 28 de noviembre de 2008

Pero te peinas cuñao

El día de ayer, el señor MxRush y un servidor, nos enfrascamos en una discusión bastante airada acerca de las cámaras fotográficas. Básicamente, su postura era defender a las cámaras digitales sobre todas las cosas, juzgando a las cámaras reflex tradicionales de obsoletas.

Haz una broma -me dije para no tener que hacer más comentarios acerca del tema. Pero a MxRush se le ocurrió trasladar sus argumentos hacia la fotografía, como disciplina y arte visual, y yo, siendo alguien a quien se le sube la sangre cuando hablan tan despreciativamente de todo lo que tenga que ver con mi profesión (algo que casi no ocurre con mucha frecuencia ¿verdad hermaniux? [sé que me lees... the big brother is watching you]), entonces decidí dar la campanada para iniciar el combate. Los detalles de la disputa verbal los omitiré por cuestiones de espacio.

Discusiones como éstas tienen el mismo sentido que un debate acerca de si es mejor la guitarra acústica o la eléctrica, la PC vs. la Mac, o las Chivas vs. el América (aunque aquí las Chivas son mejores sin lugar a dudas): siempre habrá defensores, y algunos puristas, de las dos partes; la discusión se prolongará por horas; ninguno quedará conforme con la opinión del otro; y uno querrá declararse ganador (lo que nos deja con un vencedor 'espurio' porque casi siempre es el otro quien no tiene la razón, convirtiendo a ambos en 'espurios').

Debo reconocer que todas las cámaras (digitales, reflex digitales, o reflex análogas) tienen su encanto. Hay cosas, muy artesanales para algunos, que aún no pueden lograrse con las digitales y, asimismo, las análogas resultan no tan versatiles como las digitales. Aún así, no faltarán los radicalistas al respecto.

El problema -y la solución- del debate radica en una premisa que discutíamos ayer: todo objeto tiene una función y, desde el punto de vista del sistema de los objetos, esta función es la que le otorga su valor de uso al objeto, mismo que, de acuerdo a cada individuo, será mayor o menor en la medida de que cada sujeto usa lo que necesita usar. Esto es, que cada objeto será útil de acuerdo a las necesidades del usuario; entonces, habrá quienes escojan una cámara digital por encima de la análoga y viceversa.

También es innegable que, con los adelantos tecnológicos, un día habrá una cámara digital (no cualquiera, sino "la cámara") que convertirá a las reflex tradicionales en una pieza de museo. Por lo mientras ya conocí una joyita reflex digital que, sí, es Nikkon y, sí, tiene el mismo principio que las reflex análogas (así que, Backstreet Boy, antes de denostar a los New Kids on the Block, agradéceles que te abrieron el mercado de los grupos masculinos de música pop).

La analogía acerca de los grupos juveniles es con dedicatoria para MxRush. Si usted no es MxRush, no lo lea. Si lo leyó, recuérdeme que esta advertencia debió ir antes y no después de dichas líneas.

La discusión parece que no cesará, al menos hasta que alguno de los dos tipos de cámara sea la vencedora absoluta. Y eso será cuando la tecnología nos alcance, y todos seamos unos obesos, alienados, nihilistas, y antisociales gracias a las delicias de la modernidad. ¿Fobia a la tecnología? Para nada. Já.

Micaela

Era bella y quiso ser peligrosa, y eso estuvo bien por un tiempo. Después decidió convertirse en un arma mortal, tan mortal que terminó por hacerse el harakiri.

En efecto mis queridos dos lectores, y uno que otro despistado buscando "mujeres asiendo del baño" (sic) en google, mi máquina Micaela (es genial como nos gusta vestir de cierta identidad a nuestros objetos) murió y revivió en poco más de una semana; literal y técnicamente revivió al tercer día desde que decidimos, después de varios intentos desesperados por aplicarle primeros auxilios, ponerle en su madre y formatearla. La causa: daño en el disco duro por estar sometida a cantidades obscenas de información, sumado al pequeño -insignificante- detalle de no haber defragmentado el disco periódicamente (no sé por qué gasté tantos años en la universidad). Lo más divertido fue, al momento del percance, ver como todos mis íconos se perdieron y no eran reconocidos por el 'buindous', así como algunos dll's que quedaron convertidos en carne molida.

Afortunadamente, pudimos poner a salvo toda una vida profesional, y más de 2000 horas de pornografía, para ser reincorporadas a Micaela. Lo cual me llevó a reflexionar que, tal vez, dependo demasiado de la tecnología... pero que el Dios Adobe bendiga al CS4.

martes, 21 de octubre de 2008

De lo ridículo y risible

Fue en una fiesta, hace algunos días, donde me cuestionaron unos juniors de Iztapalapa acerca de mi peculiar gusto en calcetines. Eran ese tipo de gente que creen que lo saben todo, pero lo que no saben es que lo ignoran casi todo.

Después de expresarle mis razones al respecto a mi dedo índice, porque seguramente ellos ni siquiera prestaron atención (ya saben que esta gente oye pero no escucha a los demás porque presuponen que nadie es capaz de alcanzar su "alto" nivel intelectual), hicieron referencias a lo ridículo y risibles que se veían mis calcetines. Ante la orgía de inmadurez, yo únicamente contesté: "hay actitudes humanas más ridículas y risibles que un par de calcetines, el problema es que los calcetines son más fáciles de percibir y las muestras de estupidez humana pasan desapercibidas".

domingo, 19 de octubre de 2008

Crónica de una expo anunciada

A pesar de mi gusto por las historietas y series de animación -porque todos tenemos un lado oscuro que tratamos de ocultar-, nunca fui muy asiduo a las convenciones de historietas (aquí en México se llaman "historietas", y antes 'cuentitos', que le digan 'manga' en Japón, 'comics' en los E.U., y 'teleo' en Europa, pero aquí son historietas). Habré asistido a dos de ellas, y la última a la que fui coincidió con la primera y última vez que se me ocurrió la "grandiosa" idea de participar en un concurso de dibujo -cuando no dibujas 'Spider-mans', 'Supermans', 'Gokus', o los personajes de la serie de dibujos animados de moda, ni las gracias te dan y pierdes toda oportunidad de hacer algo relevante en este tipo de eventos.

Este fin de semana tuve la oportunidad de asistir, por tercera vez, a otra convención: la TNT. En esta ocasión, no concursé, no compré, ni pagué por la entrada, porque iba como equipo de apoyo de mi primo, a quien mandaron a cubrir el evento; osease que entré disfrazado como miembro de la prensa. Mi misión consistió en tomar fotografías.

Tip de supervivencia para las convenciones de historietas #1: ¿Cómo llegar al lugar del evento cuando la ubicación le es desconocida? Pregunte por una referencia del lugar -una estación del metro, por ejemplo-, una vez allí, dedíquese a seguir a los especímenes raros, ellos seguramente también van al mismo evento. Usted debe ser capaz de distinguir a un 'Naruto' de un 'darketo' o un 'emo', de lo contrario usted terminará en el tianguis del Chopo o en la Glorieta de Insurgentes.

Al ingresar al lugar del evento, el Centro de Convenciones Tlatelolco, uno se siente importante entrando como prensa: no haces cola (con lo que puedes levantar el dedo índice sobre la frente, extender el pulgar perpendicular a éste, y dibujar una hermosa "L" para dedicarle a los demás un 'looser' porque tú vas a entrar mucho antes que ellos), por lo que te sientes una especie de "Leeloo Dallas mul-ti-pass" donde crees que puedes transitar por los confines del infinito y más allá... del evento. Después de que te apuntas en la mesa de registro, das fe y legalidad de que eres quien dices ser, y te marcan como res (con un sello de 5 centímetros de diámetro), ya estás listo para pasar al rastro, y a la convención. Hicimos un vuelo de reconocimiento para ver los stands, las salas, los eventos, tipos raros vestidos más raramente, y algunas mujercitas vestidas con prendas diminutas (¿A quién le importa de qué personaje vienen disfrazadas cuando nuestra ignorancia es inversamente proporcional a la ropa que llevan puesta?).

Tip de supervivencia para las convenciones de historietas #2: ¿Qué es el 'cosplay'? Es el disfrazarte de tu personaje de historieta, videojuego, película o serie de animación preferidos (incluye la confección de la ropa y la caracterización completa del personaje). Una actividad muy frecuente en aquellos seres humanos con mucho tiempo de sobra (a causa del rechazo de la sociedad hacia ellos y la falta de una vida social productiva)

Conforme transcurrían los minutos, el lugar comenzaba a llenarse con más gente, los apretujones y empujones -en demasía- me hicieron desear estar en el transporte colectivo durante las horas pico. Dejamos que la inercia de la marabunta nos llevara a nuestro siguiente destino: la sala del 'cosplay' (véase tip de supervivencia #2).

Voy a ahorrarles los detalles irrelevantes del desfile que presencié (la serie en que se inspiraron, de qué personaje estaban disfrazados, cómo se veía el disfraz, etc.). Cuando observé este espectáculo, me encantó escuchar las razones que les llevó a disfrazarse de tal o cuál personaje: "es que es un desgraciado", "me encanta porque está desquiciado y loco", "es una maldita", "es que ella no tiene escrúpulos"; lo que me despejó cualquier duda acerca de sus facultades mentales y rol social. El único que me pareció sensato fue alguien que estaba disfrazado de Tortuga Ninja (debo aceptar que su disfraz era bueno y muy bien elaborado), el cual se notaba que lo hacía más por echar desmadre que por enaltecer el espíritu de la expo (esto último es lo que creían hacer los otros bichos raros).

Hicimos un receso para ingerir algunos alimentos, por lo que decidimos salir a comprar alguna torta porque ni de loco pensaba meterme las bolas de arroz, bollos, y otros alimentos típicos de las series de animación japonesa que vendían en aquel lugar (¿Acaso creen que si comen esas cosas en exceso los ojos se les van a ensanchar de tal forma que ocupen dos tercios del rostro y que la boca les va a medir un centímetro?) Nos disponíamos a salir por el acceso más cercano cuando dos 'monitos', del honorable y siempre respetuoso cuerpo de seguridad, nos dijeron: "si se salen ya no regresan ¿eh?, si quieren regresar tienen que salir por Lerdo"; así que nos dirigimos a la otra salida, que estaba hasta el otro extremo del centro de convenciones. Durante el trayecto, fuimos presa del más horrible aglutinamiento de seres humanos (algo así como ese video de Britney Spears donde todos se restregaban sus cositas mientras sudaban en exceso). Sentí que mi vida pasaba frente a mis ojos, pero no recordaba verme vestido como mujer y con maquillaje en alguna etapa de mi pubertad, hasta que me percaté que no eran mis vivencias las que desfilaban frente a mí, sino otros tipos, mucho más raros que los anteriores, montados en su 'cosplay'.

Tip de supervivencia para las convenciones de historietas #3: ¿Cómo hacer un concurso de cosplay con hombres disfrazados de mujeres y viceversa? Divídalo en dos categorías: masculino y femenino; y a estos seres andróginos métalos en las dos categorías para que aumenten sus posibilidades de triunfo. Puede existir la probabilidad de que, ante la exposición pública, no les queden ganas de repetir tan flagrante falta. Si aún así insisten en reincidir, mándelos a la marcha del orgullo gay para que estén donde deben estar; igual y descubren cosas acerca de su sexualidad que jamás contemplaron.

Cuando por fin llegamos a la otra salida, los cuates del staff nos demostraron que podían ser más irrespetuosos, prepotentes y pedantes, que el cuerpo de seguridad: después de una buena regañiza nos regresaron al acceso principal. Así que a cruzar todo el lugar de nuevo, un tercer round para que nos dejaran salir, y por fin a comer.

Para volver a ingresar nos echamos un cuarto round. La felicidad y expectativas que nos inundaban cuatro horas antes, se transformaban en la necesidad por volvernos asesinos en serie. Más aún, cuando uno de los organizadores, quien nos había prometido una entrevista para las 3:00 p.m., nos dejó plantados. Mejor era resignarse y asistir al evento principal: el concierto de JAM Project (grupo japonés dedicado exclusivamente a hacer temas para series de animación).

Antes de ellos tocó Gasara (no los conocía y era mejor no haberlos conocido), todos enfundados en sus disfraces sacados de "El Tigre y el Dragón Conocen a los Munsters". Estábamos mi primo y yo haciendo una crítica 'ojetiva' -que si el mal sonido, aspectos técnicos, que si el gordo (sí, ese que canta el tema de Dragon Ball Z en español) estaba descuadrado, que las chicas del coro provenían de Sullivan, etc.-, cuando se me ocurrió voltear hacia la audiencia. El cuadro era el siguiente: sin audio, jurabas que estabas en un concierto del Tri; con audio, la multitud estaba a punto de armar el slam a ritmo de temas como la entrada de "Caballeros del Zodiaco", entre otros (me hubiera encantado la imagen del slam al son de "te quiero yo y tú a mí" de Barney). El ánimo no decaía, pues cada que terminaba una canción se la pasaban preguntando "¿les gusta el anime?", "¿les gusta la TNT?"; mientras yo me la pasaba preguntándome "¿tienen vida social?", "¿acaso son unos rechazados sociales?"

Tip de supervivencia para las convenciones de historietas #4: ¿Qué no hacer cuando la multitud está desesperada por ver a un grupo al que ha esperado por años y su presentación se retrasa algunos minutos? Pedirle a los animadores del evento que hagan estupideces para apaciguar a la turba, tales como las advertencias al público para que no se empujen y segundos después arrojarles playeras y regalos.

Cuando JAM Project, por fin, salió al escenario, mi primo y yo caminábamos rumbo a la salida más cercana, antes de comenzar a matar gente.

Hubo dos cosas rescatables de este evento. Primero, una chica de la mesa de registro, que fue la única que nos trató como seres humanos, aparte de ser muy amable, y a la cual no pudimos agradecerle las atenciones (ya no la encontramos cuando nos retiramos del lugar). Segundo, mis respetos a la gente de la prensa (reporteros, fotógrafos, y todos aquellos que van en busca de la noticia), hay que tenerle amor a la camiseta para dedicarse a esto. A nosotros no nos tocó ni la milésima parte de lo que ellos viven, pero, aunque sea por un día, me di cuenta de lo que sacrifican, el trato que reciben (a veces tienen hasta menos privilegios que cualquier otra persona), y lo arduo de su trabajo.

Para todos ellos, mi reconocimiento por una labor encomiable. Y para ella (la chica de la mesa de registro), gracias.

jueves, 16 de octubre de 2008

Plaza Sésamo Pro

Después de estar trabajando en la traducción de distintos textos, me llega uno acerca del concepto 'adentro/afuera' de la lengua Cora. Para cuando terminé de hacerme bolas con la relatividad en el uso de ambos términos (que si está fuera del campo de visión, que si la accesibilidad, penetración, alcance de la predicación, y otras cosas), sentí que estaba en una especie de Plaza Sésamo de Estudios Avanzados; el cuadro me resultó de lo más bizarro.

Para empezar, el 'mostro' Come-Galletas sería algo como Armando Hoyos, y egresado de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM; el Conde Conté, un físico matemático salido de las filas del IPN y empecinado en comprobar la Hipótesis de Riemann; Enrique y Beto, un diseñador y un comunicólogo (con eso de que se llevan tan bien) discrepando acerca de las teorías de comunicación y discursos de masas; Abelardo, un sociólogo que siempre estaría desafiando a las vacas sagradas de las teorías sociales; los cortos acerca de los colores tendrían que considerar el valor denotativo y connotativo del color, y ser definido en términos básicos de color (los números, cerca/lejos, etc., tendrían sus respectivos análisis).

Si pensaban que me había olvidado de Elmo, él sería un marihuano, de rastas, 'piocha' y huarache, que se la pasaría dilucidando acerca de la vida, teología y otros temas relacionados (porque el programa debe contar con una formación completa).


O bien, tal vez, sólo tal vez, me he saturado con tanta traducción.

lunes, 29 de septiembre de 2008

Visitante frecuente

Que si son de buena suerte, que si traen noticias, que si son señales de cosas por hacer. En fin.

Lo cierto es que, desde hace casi un mes, me viene a visitar este muchacho. Me saluda por la ventana cada mañana, se posa en un árbol cercano por las tardes, y me revolotea como si pretendiera seguirme cuando salgo a la calle. Algunos días, cuando parece que ya no viene a hacer sus rondas, trina haciéndome saber que está cerca (ha de estar muy ocupado con las flores).

Sé que cuando descifre lo que me está tratando de decir, seguramente se marchará a otra ventana, a otro árbol y perseguirá a alguien más. Pero espero que se dé una vuelta de vez en cuando para contarnos cómo nos ha ido.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

¿Cuántos años cuentas?

Ayer fui a tomar café con un amigo en el único restaurante que hay por mis rumbos con una zona disponible para los que tenemos un affair con la nicotina, tal y como indica nuestra no tan nueva Ley Anti-tabaco: afuera del establecimiento para dejar respirar a nuestros congéneres y para que los viciosos podamos coger un resfriado.

Había transcurrido poco más de media hora cuando me llamó la atención una chica de sonrisa bonita que ingresaba al inmueble, a la zona prohibida para los impíos fumadores. Se veía de unos 26 o 27 años y no era tan guapa ni tan fea, pero debo confesar que su sonrisa atrapó mi atención de inmediato, tanto que no pude apartar la vista de ella excepto cuando mi amigo me manifestaba, con dos o tres leperadas bastante explícitas, que lo estaba ignorando o cuando yo presentía que estaba a punto de rebasar los diez segundos de tolerancia para disfrutar de la belleza femenina, lo que automáticamente convertiría mi mirada de admiración en una mirada lasciva y provocaría la furia del 'puerco' policiaco sobre mi persona —¿quién dijo que en México no tenemos leyes tan estúpidas como las del vecino del norte?.

Al cabo de media hora, llegó otro señor que rayaba más allá de los 50 años (a menos que fuera de 30 o 40 y ya bastante 'traqueteado') y se sentó junto a ella. Ha de ser su padre —pensé. Él la abrazaba de forma cariñosa mientras ella reía. Conforme transcurrieron los minutos, los abrazos iban en ascenso mientras se tornaban demasiado "cariñosos" (cariñosísisimos) y ella se acurrucaba con bastante 'prestancia'. Le pedí a mi amigo que los observara para comprobrar que mi percepción no era producto de la paranoia y, desgraciadamente, vió lo mismo que yo, lo cual nos llevó a dos conclusiones: o eran pareja o se trataba de su padre y la familia era de apellido Borgia. Mi alma lloró y lloró.

Después del melodrama barato e interno, me quedé pensando en qué es lo que buscan las mujeres en los hombres ¿Qué les hace buscar a alguien con más edad? ¿Experiencia, vivencias... madurez? No lo sé. ¿Cuántos años debo tener para que las féminas de 25 a 30 me encuentren interesante? ¿50? ¿60 años? Tampoco lo sé y, con todo el respeto que se merecen este tipo de parejas, yo sí me sentiría algo incómodo siendo pareja de alguien que podría tener la edad de una hija. Como dice mi padre: "cuando tengas a tus hijos, ten hijos no nietos".

O tal vez... ¿Para esa edad es que voy a estar al mismo nivel intelectual y a llenar las expectativas de esas mujeres?

viernes, 29 de agosto de 2008

Me han dicho...

... que diseño con palabras. ¿Qué me habrán querido decir? ¿Que como diseñador soy muy buen escritor o al revés?

viernes, 22 de agosto de 2008

Reflejo

Ella me platica de sus hombres y los conflictos internos que arrastran. La observo, se nota cansada, fastidiada, por esta situación. La dejo desahogarse —que tire dos o tres madres y centellas— para que expulse, también, el enojo contenido después de un mal día en la universidad. Bebe su naranjada como si tratara de recuperar las fuerzas perdidas por el desgaste psíquico y respira profundamente.

Después de estar pensativa por unos instantes (en los que aprovecho para tragar tostadas con salsa), me dice que no puede evitar sentirse como una 'escuincla' por el patrón de comportamiento casi enfermizo.

Estoy cansada de esos hombres —comenta con una mezcla de tristeza y fastidio—, y sé que me veo reflejada en ellos. Me gustaría saber qué está mal conmigo.

Yo me quedo en silencio, reflexivo. Ojalá supiera qué decirle. Minutos después, pregunta por mis mujeres: la última, la más reciente.

La actualizo con los últimos acontecimientos, cuento los detalles escuetamente y con la misma emoción e interés que me causaría levantarme a primera hora un domingo cualquiera. Mientras sigo platicando, mi mente se escapa por un resquicio para encontrar un punto en común entre los dos: ella está harta de sus hombres y yo hago lo mismo con mis mujeres. Las similitudes parecen ir en aumento con cada comentario agregado a la charla.

Hoy le estuve dando vueltas en mi cabeza a la situación, y llegué a la conclusión que me da 'güeva' una mujer así —le digo fastidiado. Y que 'güeva' me doy por seguirle dando vueltas.

Los ejemplos vienen y van en torno al mismo tema mientras nos invade la incertidumbre que nos hace cuestionar la mucha o poca responsabilidad de nuestros actos en el asunto, y que nos obliga a mirarnos una y otra vez en ese espejo que algo trata de decirnos.

¿Quién tiene razón? ¿Quién está errado? ¿Quién no habrá dudado de su corazón? —se escucha en aquella canción que discretamente se cuela por el local y que parece quedar perfecta como dedicatoria en la postal de nuestras cavilaciones.

No hubo tiempo para los apuntes finales. La prisa por llegar a su próxima clase daba por concluida nuestra salida, ésa que nos debíamos después de no habernos visto por algunos meses. Después de despedirla en el metro, regresé a casa meditabundo y, estúpidamente, con ganas de que sonara mi teléfono y del otro lado del auricular contestara esa voz conocida de la última de mis mujeres, la más reciente.

Sé que me veo reflejado en ellas. Me gustaría saber qué está mal conmigo.

sábado, 26 de julio de 2008

Patita de perro

Esta semana me sentí con ganas de reencontrarme, salir a la calle. El rumbo fue lo de menos, sólo quería sentirme rodeado por seres humanos.

Me encrespan los lugares concurridos, me engentan. Pero esta vez decidí perderme entre la multidud. Había olvidado que tan placenteras, que tan terapéuticas, me resultaban mis caminatas.

Necesitaba reencontrarme con las fotos que aún no he tomado (y en los próximos días espero que tomar), con mi pachucote de oro, con esos lugares por los que solía caminar en compañía de alguien, también por los que caminaba solo, el museo que no visitaba desde hace años y otras cosas más. Cosas que me llenaron de una tranquilidad casi hipnótica y que regresaron esa sonrisa idiota -que tanto me encanta- a mi rostro.

"Quiero creer que estoy volviendo"

miércoles, 23 de julio de 2008

Izquierdista

Leyendo la Alegoría del "Zurdo" Miguel F. de Gerardo Ortega, recordé aquella peculiaridad en mi persona que me llena de orgullo: "soy zurdo de nacimiento". Creo que lo supe incluso en mis primeros años, sólo que el hecho de que me miraran con extrañeza y asombro me resultaba curioso. Eso daba de qué hablar -sí, también me ha gustado llamar la atención incluso en mis primeros años.

En pre-primaria fui obligado, por una monja, a escribir con la mano derecha. En esa época no se tenía aún plena conciencia de zurdos y diestros, por lo que la monjita pensó que lo mío era un mal hábito, aparte de no ser correcto según ella. Lo que me dejó con una letra horrible por escritura. "Tan bonito que escribías con la mano izquierda" -decía mi madre.

Las tijeras, abrelatas y otras cosas, también se me complicaban. Desgraciadamente, era tan mal visto (como una rareza) por la sociedad el ser zurdo en aquellos tiempos, que tuve que decirle adiós a mi mano izquierda para muchas cosas.

Actualmente, salvo mi familia, poca gente sabe que soy zurdo. Los pocos que lo han notado, ha sido cuando me ven cortar la carne o realizar algunas actividades, que aún conservo, con la mano izquierda. Mi conflicto existencial debería ser de lo más insufrible porque soy diestro para escribir y tocar la guitarra (me costó aprender a tocarla de esta manera pero más flojera me causó el cambiar todas las cuerdas), ambidiestro para la mayoría de las actividades, y unas pocas cosas que hago con la mano izquierda. Lo cierto es que no hay tal conflicto, yo sigo siendo, y sintiéndome, zurdo.

Eso explica mis problemas de sueño, mi forma "chueca" -como me dijo Memo- de ver la vida, el proponerme un estilo de vida no tan llano y simple, y otras rarezas más. Algún día volveré a escribir con mi mano real, la izquierda.

Mi hermana me cuenta que su hijo, el mayor, utiliza más la mano izquierda. Yo le digo que va a ser zurdo como su tío.

jueves, 17 de julio de 2008

Utópico.com

Quiero creer que fue por un texto que estaba terminando, por el día nublado o qué sé yo, pero al entrar a checar mis e-mails escribí como dirección de correo electrónico: utópico@ (dominio) .com.

Definitivamente, debo ser un estúpido idealista y utópico.

jueves, 10 de julio de 2008

Dios bendiga a los bancos

Hoy traigo una sonrisa de cien dibujada en mi cara (cincuenta en cada cachete) y, efectivamente, me costó 100 pesos y la sonrisa es irónica.

Resulta que ahí voy bien modosito a hacer una transacción al cajero más cercano a mi domicilio, ya listo para recibir el efectivo aparece un letrerito diciendo: "transacción no válida, tarjeta retenida", con lo que este suceso me deja con cero pesos y cero tarjeta.

Corro a la sucursal en busca de auxilio y, después de que la 'señito' de la ventanilla termina de platicar de la telenovela del horario estelar del canal 2 con otra cajera igual de desentendida, explico lo sucedido minutos atrás mostrando mi mejor cara de "perrito sin amor" (estilo 'Looney Tunes' con toda la retina brillosa) para que se apiadara de mi alma en busca de una solución rápida. Ella me observa y escucha mi caso con la misma credibilidad que le tendría a un político, pero sin goce de privilegios, y me pregunta si ya me había sucedido antes, "sí, es una actividad morbosa que realizo con frecuencia, ya hasta ha cobrado tintes de fetichismo" me quedo pensando, y eso mismo le contesto pero haciendo gala de mi libro de sinónimos para que no se sienta ofendida.

Me explica las diferentes alternativas para solucionar mi problema, sólo que éstas implican el tener que aguantarme sin efectivo hasta el día siguiente, y me pregunta si me urge retirar dinero -y esta es la parte donde las políticas de los bancos trafican con las necesidades del resto de los mortales-, entonces me dice que puede reponer la tarjeta pero con el desembolse de la módica cantidad de 100 pesos (deducibles de impuestos y con cargo a mi cuenta de forma inmediata). Con recibos por pagar, y un niñote de treinta y ****** años de edad que mantener, no tengo mejor opción que acceder. Para colmo, una vez que salgo del establecimiento, el Dios Tláloc me deja saber que no le simpatizo, pero al menos con eso se disfrazó la nubecita que traía sobre mí.

Ahora tengo en mis manos un bonito 'souvenir', conmemorativo y edición especial, de Beijing 2008 con valor de 100 pesos y sin gastos de envío.

martes, 1 de julio de 2008

Suele pasar

Este post lo había postergado por diversas razones, gracias a Yaja, quien me amenazó hace algunas semanas de divulgarlo para cuando sea famoso (já), es que lo publico.

Hace varios años, mi madre me regaló un libro de citas selectas que fueron extraídas de los libros que ha publicado cierto autor (a quien no menciono para que se chuten el post completo, si no, que chiste), contiene varias frasecillas decentes. Por ser un regalo de mi madre, le guardo bastante cariño al librito.

Del autor muy poco o casi nada sabía, y me sorprendía que no me hubiera topado con algún libro de él. Para mi buena fortuna, las frases tenían los títulos de los libros de donde fueron tomados, así que la tarea de encontrar la bibliografía del susodicho autor no sería tan complicada. Días atrás, Yaja me había prevenido de la dudosa reputación del escritor en cuestión, aún así me animé a comprar un libro de él.

Habiendo comprado el libro, corrí presuroso a mi casa para devorarlo desde el celofán en el que venía envuelto hasta desgastar la contraportada. "Oh desilusión" -me dije cuando, al ir página trás página, me percaté que la esencia del libro era una copia deslactosada, despasteurizada y bastante 'light' de "El arte de la guerra" de Sun-Tzu (uno de mis favoritos), y dulcificado con un estilo tan cursi y somero que el mismísimo Carlos Cuauhtémoc Sánchez envidiaría tener en cualquiera de sus libros. El daño estaba hecho, y el eco de la risa burlona de Yaja se ha escuchado desde entonces hasta la fecha (realmente lo que se oye hasta la fecha no es el eco, sino la risa real).

Para terminar, que confieso que utilicé la técnica de la cadenita de e-mail para tenerlos en suspenso, el libro que compré era "El manual del guerrero de la luz" de Paulo Coelho -mea culpa. La razón por la que no conocía la bibliografía del señor es muy simple: sus libros se encuentran junto con los de superación personal, pensamientos para viajar en metrobús, libros de optimismo y... los de Carlos Cuauhtémoc Sánchez, que son los que siempre evito a la hora de pasearme por las librerías.

Moraleja (patrocinada por Yaja): El que un autor tenga algunas frases buenas, no significa que pueda escribir todo un libro completo con la misma calidad.

'Shit happens'