lunes, 28 de abril de 2008

Cartas desde el inframundo V

Noviembre, 1996

Mi muy necesitada señorita Escalante:

Estos han sido días teñidos de un gris azulado, la esperanza hace años que no toca a mi puerta y me ahogo en el estrés cotidiano. Me la he pasado deambulando como un zombi por los rincones de mi casa y la ciudad. No me hallo señorita Escalante, y viera que ya me busqué por la cocina, en el armario y hasta en la caja de zapatos que guardo bajo mi cama.
Para colmo, hace apenas algunos días que me corté las venas junto a un cartel que decía “¿por qué se suicidan los poetas?” (no es que me sienta poeta, más bien soy suicida por naturaleza), por una mujer falaz que me dejó en calidad de desahuciado. Y no todo es culpa de ella, yo también puse de lo mío pues, al venderme la idea de esta versión horripilante y desalmada de mi persona, se la compré a precio muy barato y terminé creyéndome esas blasfemias.
Mientras me desangraba, no sé si a causa de la lucidez de mis últimos minutos, o por la cercanía de la dichosa luz que veía al tiempo que todo se me nublaba, recordé la infinidad de conflictos en que nos veíamos envueltos dicha mujer y yo. Lo gracioso, es que no me recordaba siendo aquel que ella decía que era; pero tampoco me recuerdo poniéndole punto final a todo esto, simplemente dejé que pasara y llegara hasta sus últimas consecuencias. Fue una especie de golpear el metal, hasta que finalmente se rompió.
Discúlpeme que le eche a perder sus hermosos días, y que no tenga ni ánimos de seguirle contando mis pesares, pero simplemente quiero cerrar los ojos y no regresar de este letargo. Créame que no me da miedo ir a dormir y no despertar, lo que me preocupa es despertar y no saber qué hacer a la mañana siguiente, tal y como han sido mis días.


Su sombrío suicida.

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